Por Soledad Gutiérrez y Jimena Villegas
No fue un cierre dulce -no del todo, al menos- el del viaje de la Constituyente a Concepción y la Región del Bio Bío. Mientras al interior del organismo existía la certeza de que se trató de una excelente gira y muy trabajada, pasado el mediodía del viernes 26 de noviembre, y después del cierre formal en la sede del Gobierno Regional, en el que las comisiones dieron sus informes y hubo un saludo de despedida del Gobernador (ver video), el vicepresidente Jaime Bassa salió a dar un punto de prensa. Era, sin duda, un momento esperado: se aguardaba una reacción de la mesa frente a un tema totalmente extra CC.
A esas alturas del día, ya había amplia expectativa por una nota periodística que daba cuenta de un “carrete desenfrenado” entre algunos convencionales en el hotel Radisson Pettra de Concepción. La pauta había sido publicada a partir de un tweet que refería a una eventual mala experiencia no del autor del tweet, sino de una persona cercana al autor del tweet.
Con el correr de las horas, y sin fuentes que confirmaran lo “escandaloso” del evento, las consecuencias graves de la supuesta fiesta fueron bajando de tono público. Y no sólo eso. Antes de las 12:00, una fuente del propio recinto hotelero desmintió a Votamos Todos Noticias que hubiese habido ruidos molestos la noche anterior y que haya habido gente en la zona de la piscina, que -se explicó- está cerrada por remodelación. A esa misma hora, al interior de la CC, se señalaba que -como fuera- en este caso operaban responsabilidades personales.
Hay demasiado en juego en Chile y en la Convención. Es, de algún modo, lo que dijo -y quiso decir- el gobernador Rodrigo Díaz Worner en su despedida a la CC: «No tenemos derecho a defraudar a nuestra ciudadanía».
Jaime Bassa, en efecto, tomó esa línea en el punto de prensa, expresando de paso su molestia: «Me sorprende que, después de una semana tan intensa, tan novedosa, la primera pregunta sea precisamente a propósito de trascendidos». Agregó que la mesa no tenía a esa hora mayor información, que habría que ver de qué tipo de hechos se trata y que si esos hechos fueran ciertos «habrá responsabilidades individuales que asumir». Añadió, aludiendo al Comité de Ética, que existen canales institucionales.
Bassa, evidentemente, hablaba de lo que, a estas alturas, corresponde a personas adultas que deciden, fuera de su hora de trabajo, qué hacer y qué no hacer. Personas que, si corresponde, pueden justificar sus actos. Hasta ahí es todo coherente y comprensible, casi un detalle, a quién no le ha pasado. Pero, ¿por qué, en la era de las fake news, hace tanto ruido un trascendido de este tipo?
Probablemente es porque hay demasiado en juego en Chile y en la Convención. Es, de algún modo, lo que dijo -y quiso decir- el gobernador Rodrigo Díaz Worner en su despedida a la CC: «No tenemos derecho a defraudar a nuestra ciudadanía».
Hoy Chile está enfrentando una segunda vuelta presidencial dividida. Se hace trizas la realidad, y lo hace de modo doloroso en tantos sentidos, porque la polaridad está a flor de piel en las redes sociales y la información circulante. Porque hay un candidato que participó del acuerdo que dio origen a la Convención y que apoya su trabajo y otro que fue parte de la campaña del rechazo y que ha criticado continuamente su trabajo. Es este un país sometido a la incertidumbre y las desconfianzas. Un país que vive -y se entiende, dada su absoluta novedad histórica- un proceso social, cultural y democrático que sus ciudadanos aún no terminamos de entender.
A Pompeya, la mujer del emperador, César la abandonó por rumores de infidelidad, aunque jamás se pudo comprobar que lo haya engañado.
Yendo hacia atrás, recordando páginas del pasado chileno, sabemos -y muchos de quienes han ido a exponer a las comisiones y al pleno así lo han recordado una y otra vez- que en 210 años de historia no habíamos tenido esta oportunidad. Sí, es una oportunidad: la de plantear en una rueda pública, siempre atenta y respetuosa, los problemas, las urgencias, las ideas, los conocimientos, las esperanzas, los sueños, los miedos y las emociones que nos mueven como habitantes de Chile, con el objetivo de buscar cómo reflejarlos en una nueva Constitución.
Por eso, la frase -dicha hasta el cansancio- “hay que cuidar la Convención” debe dejar el papel. Es tiempo de que sea real. Y para eso los convencionales deben minimizar el espacio a las dudas, a los errores no forzados, a los rumores.
Es antiquísimo e incluso machista, muy fuera de estos tiempos de tanta corrección, pero sigue siendo igual de sabio aquello de “la mujer del César». Ella «no solo tiene serlo, sino parecerlo”. A ella, cuyo nombre era Pompeya, César la abandonó por rumores de infidelidad, aunque jamás se pudo comprobar que haya engañado al emperador.
Las y los convencionales deben cuidarse ellos y ellas. Sólo ellos y ellas pueden hacerlo, y tiene que ser en los distintos frentes. Porque son nuestros representantes, porque nos han prometido un cambio y una nueva ética con otro tipo de relato.
Las y los convencionales deben cuidarse ellos y ellas. Sólo ellos y ellas pueden hacerlo, y tiene que ser en los distintos frentes. Porque son nuestros representantes, porque nos han prometido un cambio y una nueva ética con otro tipo de relato. Porque esperamos que avancen y así nos entreguen un texto por el que podamos votar conscientemente.
No les pedimos que sean santas o santos. Sí les pedimos que tengan consciencia. Su papel es fundamental y tiene ese tipo de pesos históricos que necesitan de hombros firmes, de seres humanos sólidos, de personas excepcionales en su total convicción de que se hace el trabajo y se renuncia a cosas por un bien mayor. Que así sea. Δ
















